A principios de los años 70, en Escoda, recibimos la llamada de Vicenç Piera, un importante comerciante de material para Bellas Artes. Nos informó de que vendría a visitarnos el secretario personal de Dalí para pedirnos unos pinceles especiales y nos pidió que cuando viniera, le ofreciéramos un servicio especializado.

A los pocos días, recibimos la visita de un hombre delgado con bigote y que hablaba un castellano afrancesado.

Se presentó como secretario personal del pintor y nos contó que el Sr. Salvador Dalí tenía la intención de pintar una obra en Champs Elysées (París), con la particularidad de que la tela iba a ser de gran formato y que extendería en el suelo, debiendo pintar de pie.

Por ésta razón, necesitaba unos pinceles con una longitud total de 80 a 100 cm. Tenían que ser de cerda, planos, con forma de lengua de gato y los números más grandes, del 20 al 26. Añadió también, que si no los podíamos hacer, los encargaría a algún fabricante francés.

Nos comprometimos a fabricarlos.

El obstáculo más importante que tuvimos, fue conseguir que nuestro suministrador habitual (en aquellos años era la tornería Ramon Farran del municipio de Torelló, Osona), nos fabricara unos mangos tan largos. Al decirle que era para un encargo del mismísimo Dalí, se comprometió a tenerlos hechos para dentro de un mes y medio. Tuvo que hacer modificaciones al torno y a las máquinas que utilizaba.

Nosotros, mientras tanto, fabricamos los cabezales (virola-pelo) de los 48 pinceles. Sólo teníamos que marcar los mangos, manegar (insertar el mango en la virola) y hacer las ranuras con nuestras máquinas tradicionales.

Una vez acabados, los pinceles se enviaron a Vicenç Piera atados con unos cartones gruesos hechos especialmente.

Más adelante, Vicenç Piera nos confirmó si los pinceles habían acabado en las manos del artista y si le fueron útiles. Nos comunicó que así fue.